En grupos, la
profesora nos pidió hacer un taller pedagógico que pudiera ser aplicable en
diferentes lugares tales como colegios, universidades, juntas de vecinos, cárcel,
etc. Se formaron 5 grupos, cada uno con una clase diferente. Un grupo creó un
taller de creación de monstruos, este taller fue impartido en un colegio a
niños de educación básica (ellos fueron los únicos del grupo curso que vivieron
la experiencia fuera de la sala, llevándolo a la práctica real), el otro grupo
hizo un taller de dramaturgia para mujeres de la cárcel (este proceso se vivió
en la sala de clases, donde los estudiantes que no éramos de aquel grupo
teníamos que jugar a ser las mujeres de la cárcel, facilitando el taller de
nuestras compañeras) , el otro grupo hizo un taller para estudiantes de
universidad en el cual se les entrega herramientas para desenvolverse en sus
respectivos trabajos (esta experiencia también se vivió en la sala bajo el
mismo modo), un grupo no alcanzó a mostrar su taller y finalmente mi grupo, con
el cual hicimos un taller para el adultos mayores de una junta de vecinos (esto
también se vivió en la sala)
Creo que es super
bueno hacer este tipo de experiencia pedagógica para tener una conciencia de cómo
sería el trabajo de nosotros (actores) aplicado en otras aristas, para ayudar a
complementar el trabajo con técnicas lúdicas que pueden facilitar el desempeño
del profesional. Me parece que es una experiencia retroalimentaría para todos,
porque pudimos ver distintas formas de aplicar el conocimiento y distintas
formas de acción, de situaciones y realidades.
Pero debo decir que
me faltó la experiencia real, que rico sería vivir algo así como lo que
vivieron los chicos del taller de monstruos. Siento envidia, pero envidia
buena.
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